Como con la llegada de la primavera florecen las bugambilias y muestran sus radiantes colores, así las flores danzantes proyectan la majestuosidad del arte folklórico.
En esta XVI edición del Mitote Folklórico en honor a Patricia Guerrero, el sol fue quien nos ha dejado sombrados desde el amanecer hasta el ocaso. Su candor reflejado en el movimiento de más de mil bailarines en escena a lo largo de 7 tardes maravillosas y cerca del holocausto, aún se siente la ebullición de los presentes.
La sala del Teatro de la Ciudad se encontraba en calma cuando se anunciaba con voz clara la tercera llamada, se apagaron las luces y encendieron los aplausos, ahí en el extremo izquierdo del escenario, bajo el halo de luz blanca, una mujer de buen porte realiza la presentación del Ballet Folklórico Nayarita Mexcaltitán.
Nuevamente una oscuridad abismal invadía el recinto, en el centro y alumbrado con un tenue rojo ladrillo se distinguían figuras geométricas. Conforme la luminosidad aumentaba se podía ver como algunos de esos rayos de sol mítico, hacia ver las siluetas de aquellas mujeres que comenzaron a moverse simétricamente y que daca dos pasos abanicaban con sus lúcidos rombos en ese momento tornasol. Era pues el mundo mágico huichol el que nos había cautivado. La presencia se duplicó en el escenario y al ir desapareciendo irrumpieron los aplausos vivaces.
Se ha notado el cambio de música, el ritmo ya no es tan marcial, la atmósfera se puso algo romántica y pudimos ser partícipes de un romance huichol, observando como las miradas pizpiretas de la joven hacían tributo a la fuerza y porte de aquel campesino que cortaba leña, jugueteando con su pañuelo, haciéndolo molestar por no dejarlo hacer su labor, incitaba pues a mirarla hasta lograrle convencer de beber del agua que en su vasija de barro llevaba. Entre brincos y correteadas, como tórtolos se llegaron a acomodar; a que risa nos causó cuando el macho comodino le apuraba en las andanzas y ella, con todo y machete en mano le seguía, aunque muy a penas caminaba.

Se vuelve un ambiente jocoso con la llegada de los protagonistas de la boda mestiza, y ese vestido blanco, como rosa de castilla, que danzaban en un jardín multicolor, el novio galantemente vestía una camisa blanca impecable, pantalón negro y ceñida a la cintura una fajilla color rojo carmesí, así fue entonces, cuando ya la muchedumbre estaba en la fiesta cuando comenzaron los giros y la alineaciones de esas flores multicolores que giraban rápidamente formando figuras de ensueño, arte en tela y cuyo origen innegables es el México prehispánico.
Ya desde entonces podemos asegurar que donde hay pelito hay pachanga, y el portorrico de cuchillos en éste caso fue su representación, encuentros frente a frente, cuatro hombres alineados, luego fueron cuatro contra el novio, pero éste de entre chispas audazmente salió ileso del encuentro.
El borracho, también entró en el marco de esta fiesta de color y textura, dando un paso y dos zancadas, casi cayendo del escenario, fue auxiliado por su amigos, después de todos no se supo nada.
No podía falta el tradicional son de la negra, entre gritos y chiflidos, observamos el candor de los movimientos en diagonal, y los cruces de caminos, entre zapateadas y enaguas blancas, retoños de vida del movimiento en coordinación con el ritmo, sombreros de charro negros de ala ancha y pañoletas rojas, este son mágico, que nos inyecta el excelso sentimiento de orgullo mexicano, de saber y expresar el folklórico y paradisíaco pasado cultural de ésta tierra.
El son llega a su calma, el oscuro escenario nos presentaría un carnaval entre los coras, donde inminentemente se viaja uno al espacio en el que a una damisela, se le preparaba mediante un ritual para danzar todo el tiempo. Le han envuelto en un petate, luego se lo han cambiado por un vestido blanco y resplandeciente, le han
colocado un velo y una corona de flores blancas y un reboso gris que le servirá para sostener una bandera blanca, en su mano izquierda una campana que con el ritmo de los pasos sonaba armoniosamente. Los colores brillantes con acabados en dorado y plateado, las mujeres que le acompañaban con rebosos de colores sobre la cabeza y caían poco mas debajo de la cadera. Un momento mágico lleno de historia y cultura.
El son de tarima, esa habilidad con los pies, que en un tablón de aproximadamente dos metros cuadrados, hacía notar el ritmo del zapateo, el juego del ritmo y la estética. A su vez, daba la pauta para un descanso entre tanta algarabía.
Entraron en escena mujeres que traían consigo tributos a Dios, llevando incienso en las manos que elevaban en un movimiento que hace que el viento lleve la oración al cielo, en el fondo una postal del semidesierto mexicano.
No se distinguía si vestían de blanco de azul, las vírgenes que caminaban apasiblemtente llevando entre sus manos ofrendas florales blancas, de la misma especie que tenían en sus coronas. Se han colocado en línea frente al público y luego han hecho cuadros y cruces, girándolas de un sentido a otro y de afuera hacia el centro…

la majestuosa danza de las vírgenes, en pronto como se han marchado de nuestra vista, el cielo se tornó rojo, los rayos del sol quemaban la carne, demonios saltantes arribaban en completo desorden, usaban taparrabos y sus cabezas de perros, toros, águilas… daban miedo, su piel negra con blanco, sus melenas negra, largas y enmarañadas, causaron desorden, acribillando, y llevando a las destrucción de la aldea, era pues un pueblo apresado por los judíos.

Después de tanta emoción y altercado, llegó la calma, pero por la oscuridad del escenario que se aluzaba únicamente con u halo de luz amarillenta, era pues una tarima, y en ella un bailarín audaz nos brindaría un portorrico. Entonces fue cuando se logró observar a contraluz el polvo en el viento, por la velocidad con la que sus plantas de los pies hacían vibrar cada centímetro de madera. Chispas que desde los cuchillos llaman al sobresalto y a la sangre. La agilidad de realizar el acto con los ojos vendados, hizo que la gente se desbordara sobre el personaje.
De nuevo los cambios de música nos asaltan, el estilo de banda se hace presente y los bailarines se vuelven mas vivaces en sus movimientos. Las faldas multicolores, esas rosas que nos han expresado su belleza durante toda la tarde, en ese momento danzaban con la yaca, el gallo de oro y el novillo despuntado…lindo nayarit. Esa postal donde las parejas bailan de cachete pegado, de mano apretada y parando la pompa.


Sin duda alguna, hemos formado parte de una parranda en Tuxpan, Nayarit cuando con el Toro mambo donde el letrero fielmente decía –No bailar en las mesas- y cosa que los presente jamás entendieron, lo pintoresco de la situación, llegó cuando el escenario comenzó a oler a alcohol, como cuando el charro juega con la reata, estos hábiles bailarines, jugaron con botellas de cerveza, realizando círculos y curvas, haciendo que la espuma se derramara al ritmo de los taconazos.
De esta manera se han despedido los últimos pasos del escenario, los últimos gritos y silbidos, las hermosas rosas perennes que guardarán sus radiantes colores para cuando vuelva a alumbrar el sol en el próximo resplandor de la mañana, faltarán 365 días para ello, pero en ese tiempo, la sangre se renueva, las historias se guardan y la creatividad se recrea.
El Mitote Folklórico ha dejado de recibir la luz el sol, des estos siete maravillosos días, donde 34 grupos folklóricos han dejado su huella en la memoria de los regiomontanos, para en color textura y forma darnos a conocer la riqueza cultural de México.

Este ocaso, aún se pinta de colores….
Director General del Ballet Mexcaltitan: Prof. Sergio Eugenio García Pérez